Más de 8.000 jóvenes de entre 16 y 30 años en los barrios del Samontà no estudian ni trabajan, según un diagnóstico que pone de manifiesto la complejidad educativa y social del entorno. Esta cifra representa una preocupación creciente para las entidades que trabajan con la juventud en la zona.
Desafíos educativos y sociales
El 100% de las escuelas en el área son consideradas de máxima complejidad, con una tasa de abandono escolar prematuro que alcanza el 38,86%. Laura Crespo, presidenta de la Asociación JAPI, destaca que esta situación ha sido una preocupación desde la creación de la entidad hace aproximadamente 15 años: “Nuestra entidad surge, en parte, a raíz de un diagnóstico que ya apuntaba esta preocupación”.
Toni Martínez, director de la cooperativa AEMA, también subraya la magnitud de la cifra, aunque señala que debe contextualizarse con la densidad poblacional de los barrios. “La cifra de 8.000 jóvenes, aunque elevada y preocupante, debe relacionarse con el número de personas que residen en la zona”, explica.
Desconexión del sistema educativo
Crespo explica que detrás de estos datos se encuentran diversas situaciones, muchas de las cuales comparten la desconexión del sistema educativo y las dificultades para vislumbrar un futuro. “Hay un grupo de jóvenes que termina desconectándose del sistema educativo. Esta es una zona con una alta vulnerabilidad, donde encontramos jóvenes que han llegado al país durante la adolescencia y han tenido dificultades para integrarse en los centros educativos, así como otros que carecen de perspectivas de futuro debido a la situación de la vivienda y el empleo”.
Martínez señala que uno de los principales retos es definir una estrategia clara para los próximos años en materia educativa y de empleo. “Falta una dirección clara sobre hacia dónde deben dirigirse el sistema educativo y los programas de empleo. Necesitamos un programa que sea realmente una alternativa al sistema educativo y que, a su vez, ofrezca oportunidades a los jóvenes”, defiende.
Iniciativas de apoyo
En este contexto, JAPI y AEMA están desarrollando iniciativas para prevenir el abandono escolar prematuro, recuperar el vínculo con la formación y facilitar el acceso al mundo laboral. Los itinerarios se adaptan a las necesidades de cada joven, combinando el aprendizaje de competencias básicas con la orientación profesional.
Abdourrahman Jallow, participante del programa Avança+ Tasta Oficis de JAPI, llegó a España con 15 años y, tras no poder continuar en el sistema educativo formal, ahora aprende idiomas, matemáticas y competencias digitales, además de acercarse a oficios como la jardinería y la fotografía.
Otro caso es el de Mohamed Ghalbezouri Zaitar, quien trabaja como dinamizador digital en el Punt TIC de Collblanc después de un año sin estudiar ni trabajar. “Cuando acabé la ESO, no estaba muy orientado y pasé un año sin hacer nada. Luego, gracias al boca-oreja, conocí una formación de la Fundación Sargim y me apunté”, relata.
Programas de diversificación curricular
JAPI también ofrece el programa de diversificación curricular Diversitas, que se dirige a alumnos de tercer y cuarto de ESO que requieren un itinerario adaptado para desarrollar competencias básicas. Este programa permite a los alumnos realizar diez horas semanales de su itinerario curricular fuera del centro educativo, trabajando en proyectos que combinan diferentes materias y competencias.
Jordi Vizcaíno Ghersi participó en este programa el año pasado tras recibir la recomendación de una profesora. “Me costaba mucho aprobar en la ESO, así que una profesora me sugirió venir aquí. Lo aproveché y me ha cambiado bastante, porque me ha ayudado”, explica. Ahora se ha decantado por la especialidad de carrocería, un ámbito que le interesa porque le gustan los coches.